Una tarde llegué a Marrakech y la ciudad me engulló de un bocadito. Con una inocultable cara de asombro por cada cosa que me pasaba enfrente, era una de las presas más fáciles para los vendedores de la Plaza Jeema El Fna. Pero así y todo me las arreglé para encontrar dentro de la Medina mi alojamiento.
Me hospedaría en un Riad para empezar mi viaje.

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Pero orientémonos en tiempo y espacio: Los Riads son pequeños palacios convertidos en hospedajes, ubicados dentro de las medinas. Y Las medinas son ciudades antiguas amuralladas, repleta de negocios y pasillos intrincados en los que casi es obligación perderse si uno anda por Marruecos.

Llegué antes que el grupo al alojamiento con – y a pesar de- la ayuda de varios locales que intentaban ayudarme. Me recibieron con el típico té de menta y Hierba Maria Luisa , una delicia de la que me hice fanática casi instantáneamente.

Fuimos a pasear con Tarik por la Medina. Un pie adentro y se da comienzo a la aventura: cada color o aroma, cada trama de las pinturas en platos típicos o tienda de instrumentos musicales podían captarme con facilidad. No podía dejar de mirar en cada negocio , pero muchos comerciantes me insistían fervorosamente para que les compre y no era mi intención. Yo solo quería observar, tocar, oler todo y sin que eso resulte en una venta, asi que me gané el disgusto de un par de vendedores. Y es que en realidad si por mi fuera, me compraría todo. Pero me espera un viaje largo así que no tenia chances.

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Pasaba de un puesto a otro y me enamoraba cada vez de sus finas lámparas talladas con precisión milimétrica en estructuras de cobre o hierro. O quedaba con la boca abierta por las Cobras danzando bajo el ritmo hipnotizador del Issawa de la plaza (aunque tengan tarifa fija de propina). O me quedaba mirando las mil variedades de aceitunas, las curvas de los detalles bordados en delicadas camisas o vestidos para mujeres . Era abrumadoramente convocante para todos los sentidos. Luego quisimos una mejor vista, y mientras terminaba de caer el sol, tomamos una bebida desde la terraza de un bar cerca de la Plaza. Desde allí vimos como se terminaban de armar los puestos de comida : podias elegir Tajin, como lo más típico o koudnjal , una bebida compuesta por varias especias , fuerte y caliente. Y también cosas más cercanas a nuestra Gastronomía, como un jugo de naranja, lengua o cerebro de vaca. El sol bajaba y las luces del mercado subían. Y desde lo alto veíamos sus luces más naranjas que blancas y tumultos de gente que iban y venían, reunidas para ver pequeños espectáculos de baile o música, leerse las manos o tatuarse en Henna.

Luego bajamos y nos sentamos a comer un aperitivo. Caracoles en su costra con un palillo. Salado y gomoso, pero tan novedoso como puede ser algo que no había probado nunca en mi vida Hay que experimentarlo para entenderlo: el encuentro del paladar con este objeto que le es extraño, la cabeza procesando algo que nunca antes asimiló y muy al final decidir si gustó o no. Y Repetir.

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Más tarde recibimos en el aeropuerto al resto del grupo con el que recorreríamos Marruecos , tres chicos muy majos de Catalunya con los que empezáramos un itinerario al dia siguiente en Essaouira

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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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