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Habíamos quedado con Jose para ir a una cascada detrás del Yunque al día siguiente. El yunque es una cerro con su cima planada que se puede ver desde cualquier punto del pueblo. Desde que uno llega es inevitable sufrir su magnetismo: hay que ir a verlo. Conseguimos unas bicicletas para recorrer esos 7 kilómetros que nos distanciaban. Salimos temprano por la mañana con nuestro nuevo amigo baracoense como guía.

El pueblo de Baracoa es pequeño, colorido y lleno de murales de guajiros y revolución. Pudimos disfrutar de varios de ellos mientras nos alejábamos. Nos fuimos andando de a poco por la ruta al este de Baracoa, solo deteniéndonos para que Tania pudiera cargar el encendedor. Preguntando llegamos a un puesto callejero donde se pueden recargar esos encendedores que nosotros descartamos. También vimos en el camino una fábrica de chocolate que supo ser inaugurada por el Che y que es parte de los atractivos turísticos del lugar. La verdad no le encontramos mucho “atractivo” así que no hicimos más que pasar por la puerta y seguir nuestro camino.

Jugábamos carreras entre nosotros hasta donde las desvencijadas bicicletas nos lo permitían. Claro que Jose estaba más canchero y las ganaba todas, y se reía a la distancia de nuestras dificultades con una risa que sonaba a campanitas y contagiaba.

Quien quiere recargar su #encendedor ?

Llegamos un punto donde nos cuidarían las bicicletas. Pedí por un baño ya que me urgía y tuve que equilibrarme en una casilla de madera que desconocía el concepto de privacidad. Luego seguimos, ahora caminando, por la orilla del Río Duaba.

EL Río era hermoso para nosotras que estábamos de visita. Pero no para unos amigos de Jose que estaban en su cauce picando piedras, como parte de alguna condena que se le había impuesto por “molestar turistas”. Dejando de lado eso, el verde tan intenso del agua, un tanto mimetizado con la vegetación casi le empata al celeste cristalino del Caribe en cuanto a belleza. Esa es una de las ventajas de Baracoa por sobre el resto de los lugares que habíamos estado: la naturaleza es abrumadora por estos lados.

El Yunque

Seguimos caminando un poco más. Yo tratando de hacerle justicia con mi cámara fotográfica al Yunque coronado por los rayos del sol. Misión fallida desde siempre. ¿Cómo competir con lo que mis ojos ven? ¿Cómo transmitir esa imagen que llega a mis retinas en la chatura de una imagen fotográfica? Al menos me queda como propósito que quieran venir a verlo con sus propios ojos.

Para llegar a la cascada aún faltaba una prueba final: había que cruzar el río. No era un río angosto. No era un río poco caudaloso. Tampoco su corriente era piadosa. Y yo contaba con un vasto historial de “pre-ahogamientos “en toda superficie acuática que se conociera. Pero ya estaba ahí, y los viajes me tornan un tanto temeraria. Así que dude (muy) poco y me interne en el río.

Primero cruzó Jose con nuestras pertenencias, para que no se mojaran. Nos indicó exactamente por donde debíamos ir para que la corriente no nos arrastrara como a todas las cosas flotantes que veíamos pasar. Tania tomo la delantera y yo iba agarrada a su mano para que entre las dos fuera más fácil. Pero en determinado momento, no sé si erré el camino, si mis piernitas no fueron suficientemente fuertes o si el destino había decido que tenía que añadir un río cubano a mi lista de “ahogadas”, pero empecé a notar que no podía contra la corriente. El agua me llegaba a las rodillas y les advertí, primero en voz normal y luego ya en grito que no lograría cruzar. A pesar del ánimo de Jose desde el otro lado, y a pesar de mis intentos de pararme fuerte, el río pudo más. ¡Y me llevó la corriente!

Intentando en vano nadar contra la corriente, vi como sin vacilar Jose se tiró al agua desde una piedra y me agarró. Vale aclarar que Jose no era ni alto ni grande, pero logró agarrarme y aferrarse no sé cómo a otra piedra para que no nos llevara a los dos. Todo habrá sido en unos segundos, y una vez a salvo le agradecí, y me reí nerviosamente hasta que recordé que en algún momento debía volver al otro lado. Maldición.

La cascada detrás del Yunque

Al final había valido la pena la travesía. Una cascada hermosa junto a un pozo de agua, escondidos detrás de unas rocas. Ya tocaba descansar. Nos tiramos al sol, nadamos un poco (yo menos que todos) y Jose me hizo una rasta como me había prometido (¡una rasta que tuve de recuerdo por años!). Aprovechamos la tarde para conocernos un poco más entre nosotros, compartir con quienes por un rato son desconocidos es el mejor regalo que me da viajar.

Al cruzar de regreso obviamente Jose me ayudó. No fue tan dramático con su ayuda y además buscaba reivindicarme y no quedar como una tonta. Así que me hice la valiente y me calle todos mis mieditos guardándolos para mí misma. Una vez en la orilla de enfrente pude sonreír naturalmente de nuevo.

En el camino de regreso paramos en la casa de una señora amiga de Jose. Era una casa muy humilde y con muchos chicos. El marido se había ido a trabajar no recuerdo donde y todos habían quedado a cargo de la señora. Comimos plátano frito, chocolatada y coco. No eran cosas que combinaran de por sí, pero era una forma de contribuir y mi estomago suele adaptarse a mi curiosidad. La chocolatada fue hecha directamente “de la mata a la lata” como dicen allí. Me contaron como “procesaban” caseramente el cacao, y lo probé en la forma más pura que puede probarse. De esos gustos una no se recupera fácil. Y luego no quise volver a probar una chocolatada de supermercado.

En un punto del recorrido donde paramos a descansar, Jose dijo tener que cumplir con un rito. Se sacó la remera y se tiró de un clavado al río. Dijo que siempre que iba ahí debía hacerlo y nos invito a hacerlo con él. Yo decline la oferta por razones que pueden imaginarse.

Estaba atardeciendo y ya debíamos apresurar el paso. Tomamos nuestras bicicletas y apresuramos el regreso. Baracoa nos había regalado otra hermosa jornada de amistad y naturaleza. Ya pensaba en como haría para despedirme de este lugar y sólo pensarlo ya era difícil. En un principio solo iríamos por dos días y ya estábamos a tiempo cumplido.


Pueden ver todas las fotos de este viaje en el Álbum de fotos de Cuba en Facebook.

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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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