Mis amigos tienen mucha suerte: su  ventana da al Canal Beagle Nos juntábamos a trabajar online  y yo me sentaba de espaldas. Era imposible mantener la concentración con esa vista.

El canal Beagle de lejos es lindo en todas sus formas.  Cuando el viento agita sus aguas los picos de las olitas forman innumerables zig zags  que los atraviesan en toda su extensión. Los días soleados el agua tiende a celeste , las montañas resplandecen y si no hay viento, la superficie parece apenas una trozo de seda ondulante.

Y durante el mismo día es posible ver varias versiones del Canal. Agitado, calmo, celeste, gris , brillante  u opaco .

Cuando supimos que navegaríamos el Canal con Tolkeyen la expectativa fue como si en realidad fuera a atravesar un portal. Pasar al lado de adentro del cuadro y empaparme de esa otra existencia natural.

Monte Olivia

Monte Olivia

La navegación comienza en el puerto de Ushuaia. A medida que nos fuimos alejando del punto de salida, íbamos disfrutando de una vista panorámica de la ciudad. Ushuaia es como un balcón hacia el Canal Beagle, y algunas de las montañas se van destacando en el paisaje por sus particularidades. Desde siempre me encantó el Monte Olivia. Sus laderas escarpadas hacen que la nieve se le acumule de una forma peculiar, como veteándolo.

Durante la navegación vamos conociendo la historia y la fauna del canal. La guía ofrece relatos e información que le da sentido al itinerario. Así es como distinguimos los cormoranes, esos pájaros que tanto se parecen a pingüinos desde lejos.

Nos acercamos, en otra parada, a islas con lobos marinos. Primero a cierta distancia y luego tan cerca que apreciábamos los detalles, ¡incluidos sus olores! Nos quedamos un momento apreciando su vida en el islote.

Escuchábamos sus ¿rugidos? O los veíamos jugar entre ellos. Algunos peleaban con los pájaros que se alimentaban vaya uno a entender de qué. Otros simplemente disfrutaban del sol tirados sobre las rocas. Acercarnos tanto nos permitió entrar en detalles: uno de ellos tenia lo que parecía las marcas en la piel de alguna batalla entre pares : dos rastros de colmillos marcados en él.

El final del recorrido, antes de empezar a regresar, fue el momento más fotográfico de la navegación. Ahí estaba el Faro Les Eclauriers, el mal llamado “del fin del mundo”. Si no fuera un bote confiable, hubiera apostado que se caería de costado por la cantidad de gente que se mataba por sacarse una selfie (ya saben, sin selfie no hay viaje) . Y bueno yo como buen blogger lo intenté pero la verdad que me salió tan mal que ni salió en la foto el Faro. Me dije, Touché. Eso me pasa por hacerme la que me gustan las selfies.

 

Al regresar vimos la estancia túnel, lugar que visitaríamos en la próxima excursión. Y el regreso lento con la ciudad asomándose de a poco, nos recordaba la belleza del fin del mundo.

En el próximo post les sigo contando sobre mi segundo paso por Ushuaia.

 

 

 

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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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