Invierno en Ushuaia. Lo primero (o lo único) que me imaginaba era la nieve. Y también me creía que “no se podía hacer mucho más que esquiar” en esta época del año. Pero estaba equivocada y me la pase muy bien rectificando mi error.

La experiencia de andar en bicicleta sobre hielo y nieve me tentaba por pura curiosidad, pero no faltaron las dudas de friolenta u otras más específicas.

Cuando nos invitaron a andar en bicicleta sobre nieve lo primero que pensé fue en si podría hacerlo: me dará el estado físico? Porque por más que me encante, no me imaginaba en que cambiaría la experiencia cuando el terreno fuera hielo y nieve. También dude de mi pericia… me veía volando al suelo a los cinco minutos de haberme subido.

Bueno las dudas se fueron despejando poco a poco y fueron reemplazadas con esa adrenalina de hacer algo nuevo. Nos vestimos con el equipo adecuado, provisto por Ushuaia extremo, encargados de la excursión. Una preocupación menos: campera, pantalones, botas impermeables rodilleras, casco y coderas. ¡Ni frio ni golpes podrían llegar a mí con tanta protección!

Tomamos el transporte hasta el valle de lobos, me sorprendió la variedad del grupo, gente más grande y más chica que yo y la certeza de que fuera una actividad apta para todos y no limitada a súper ciclistas de otro mundo. Otro punto a favor.

Llegamos al lugar y probamos las bicicletas, creo que me toco la más pequeña por motivos obvios. Ahí conocimos el secreto del agarre de las bicis en esa superficie tan peculiar. Las gomas llevan puestas clavos para aferrarse al terreno mejor. Nos dieron algunos consejos, como que el secreto es seguir pedaleando.

Arrancamos con el recorrido, el terreno era llano y el bosque estaba cubierto de nieve. A veces las ruedas resbalaban y había que mantenerse concentrado, pero nada como para preocuparme de mi integridad física. El paisaje acompaña mucho a que la experiencia sea única. No imagino una actividad más conectada con el aquí y el ahora de Ushuaia en invierno que esta.

Una vez atravesado el bosque fuimos espectadores de la acción de los castores sobre el lugar. Bosques de película de terror, arboles sin copas y ramas afiladas como un lápiz. De un paisaje cerrado a otro abierto totalmente, lindo si no razonamos los motivos.

Hizo tanto frio y se mantuvo de manera que pequeñas lagunas del lugar se habían congelado. Paso a paso y con bastante desconfianza fuimos pisando cada uno sobre ellas. No podíamos creer que aguantar el peso de todos nosotros sin quebrarse, aunque si recomendaban no acercarse mucho a la orilla, la zona más frágil. Semanas más tarde veríamos fotos del hielo totalmente derretido y nos asombraríamos de que hubiésemos andado caminando por allí hacia tan poco.

Avanzamos un poco más y vimos castoreras enormes. Habiendo visto fotos del tamaño que llegan a tener los castores aquí, no me esperaba mucho menos. Pero el hecho de que modifiquen el curso del agua, y destruyan el bosque me hace indignarme con la estupidez humana. ¿Cómo vamos a culpar al pobre castor de la decisión poco pensada de traerlos sin tener predadores naturales?

Sobre la superficie de las aguas congeladas que retiene la castorera, nos animamos todos a andar en bici. Una grieta gruesa era motivo de pregunta, pero el guía de Ushuaia Extremo nos calmaba las inquietudes.

Bromeábamos con “la famosa grieta” y aprovechábamos el increíble escenario natural para las fotos obligatorias. Era bueno hacer esa excursión con alguien que te contara sobre la fauna y la flora del lugar, entender además de ver es un requisito que me impongo desde hace un rato cuando visito un lugar.

Caminamos un poco más allá de las castoreras hacia otro estancamiento de agua cercano, construido a modo de escalera junto al otro, y donde pudimos también ver la acción reciente de los castores en la madera astillada a la vera del lugar. La nieve nos llegaba hasta la rodilla y nos hundíamos paso a paso. El invierno en Ushuaia estaba siendo generoso en nuestra visita y poco más le podíamos pedir.

La excursión fue original, nada sobre exigida y nos puso en contacto con la naturaleza en una época del año donde las opciones de aventura pueden parecer escasas para el ojo novato. Los equipos provistos eran cómodos y a pesar de estar en el frio, en contacto con la nieve y el hielo, no sufrimos nada de eso. ¡Ideal para gente friolenta como yo!

Ushuaia es una ciudad que da opciones para todas las edades, en cualquier época del año. Habiendo venido en verano y ahora comprobándolo en invierno, ya no se me ocurren motivos para no volver nuevamente a visitar el fin del mundo.

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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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