Terminaba una jornada agitada en las que pasé por La Ruta del Che , o al menos un pedacito de ella y carretera bien llamada de la muerte. Junté mis cosas para comenzar el retorno, en primer lugar a Villazon. Digo comenzar porque debía estar en determinada fecha tomándome un tren en San Miguel de Tucumán

Luego de salir a hurtadillas del hotel ante la insistencia del empleado de la agencia del lugar por acompañarme, La Paz me despidió con una situación bastante particular.

Iba camino a la terminal de micros, hacia Oruro para tomar el tren hasta Villazón. Pasé por un comercio a comprarme unas zapatillas aprovechando el cambio y cuando salí , pasó corriendo un señor que dejó caer de un modo más o menos evidente un fajo de dólares. Seguí caminando y una señora que venía detrás mío me pregunta si no se ma habían caído a mi. Yo contesté negativamente y ella insitía: -“ Son dólares, a quien se les habrá caído, no veo a nadie, que hacemos? – Sugerí que se lo dejara a la señora de la tienda. -“Será nuestra suerte? – seguía insistiendo -No podemos confiar en las señora de la tienda” Yo continuaba caminando rumbo a la terminal. Me paró y me dijo que la ayude a ver si tenían alguna identificación. Paré con ella en la puerta de una galería (que tenia salida por detrás) mientras me decía no saber qué hacer.

Yo no entendía mucho la situación, pero no me parecía muy “legal” .Al minuto vi pasar a quien lo dejo caer por nuestro lado. Retrocedió y se acercó a nosotras, en medio de una falsa actuación preguntándonos sobre sus dólares. La señora ya los tenía en su cartera, cosa que le indiqué al “exaltado” señor. La señora luego de unos minutos accede a dárselos, Y el señor dice “ es que aquí me faltan dólares, y estaban marcados!!”

No me imagino como terminaría la estafa, pero les dije “a mamá mono con bananas verdes no” Y me fui.

Llegué a la terminal, luego a Oruro, y allí espere la salida del tren. Este tren según tengo entendido es uno de los más altos de América, por eso quería conocerlo. Y soy fanática de los trenes así que estaba super feliz.

Este viaje en tren es una fiesta para la visión: ríos naranjas, pequeños poblados y montañas de formas tubulares extrañas , por solo mencionar algunos puntos. Uno quiere guardarse todo en una foto y el movimiento del tren no colabora en el objetivo.

Llegue a Villazón y crucé la frontera hacia La Quiaca luego de comprar souvenirs en algunos de los miles de comercios fronterizos.

Paisajes que se ven desde el tren

Dudé en quedarme un día, pero las fechas ya me apresuraban. Así que en la terminal compré un boleto hacia Tucumán recordando lo caro que son los pasajes aquí en Argentina. Dormí en alguna terminal que no recuerdo, ya que el pasaje era con trasbordo y por fin llegué a la ciudad de San Miguel de Tucuman

Caminando conseguí un hostel, me bañé y salí a recorrer, luego vi en mi mail un mensaje de un amigo contándome que estaba en Aguilares, a solo dos horas de allí. Así que pagué la noche que no usé en el hostel y nuevamente a la ruta, esta vez en un taxi compartido para encontrarme con mi amigo.

En Aguilares dormí en la casa de una familia amiga de mi amigo que me recibieron muy bien a pesar de no conocerme. Ese fue mi primer contacto con la hospitalidad desinteresada que se nos brinda a los viajeros. Fue un honor haber sido su invitada. Era una casa muy humilde en las afueras de la ciudad, con un patio enorme lleno de plantas y hasta un nido con pajaritos recién nacidos que luego tristementeme me entere se los comería el gato. Pasé un día allí, y fui testigo privilegiada de la primera presentación de mi amigo en público con su guitarra.

Luego el regreso definitivo, un intento fallido de tomarme el tren a Buenos Aires , pero que que no se pudo porque se habían inundado las vías. Nos subieron a todos a unas camionetas muy cómodas que tardarían la mitad del tiempo que me llevaría volver a Buenos Aires. Quien dijo que yo querá llegar tan temprano?

Me metí en mi bolsa de dormir, y en doce horas ya estaba en la Gran ciudad.

Bolivia fue mi primer experiencia, y como tal un aprendizaje continuo. Comprobé que puedo valerme por mi misma y que puedo abrirme a las personas. Fue una prueba conmigo misma que superé. Lo terrible es que me encantó. Y decididamente marco mi forma de viajar en el futuro. Amé viajar sola, por decirlo así, porque en realidad se está más acompañada de gente que nunca. Llegué reconciliada conmigo y salí de esa reclusión a la que me había recluido a mi misma. Este primer viaje fue una experiencia más hacia mi interior que hacia el exterior. Definitivamente una experiencia necesaria y recomendable.

 Datos Utiles

Aqui les dejo la Web oficial del tren de Tucumán frecuentemente desactualizada. Para información más fidedigna, me remitiría a Satelite Ferroviario

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