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Conocer la carretera de la muerte era uno de los ejes de mi viaje. Cuando viajo por pocos días como en esta ocasión, intento planificar los lugares adonde iré para minimizar costo y tiempo. Luego de un segundo y breve paso por La Paz, contraté una excursión que consistía en descender en bicicleta, sesenta kilómetros por una sinuosa ruta bordeada de abismos para ir desde  La Sierra a una zona subtropical.

La carretera está ubicada en las afueras de La Paz, más exactamente a unos 96 Km. La bicicleteada comienza en La Cumbre, el punto más alto (unos 4650 Metros de altura ) de los alrededores de La Paz y culmina en Yolosa, luego de dos horas de descenso. Cerca de Yolosa se encuentra Coroico, un pueblo construido prácticamente como una terraza hacia los valles de Los Yungas.

Casi no había podido dormir de la ansiedad, para cuando vinieron a despertarme, ya estaba sentada detrás de la puerta con el bolso preparado. Fui hasta la agencia de viajes del hotel, donde había contratado la excursión, y muy amablemente el empleado de ahí me llevo hasta otra agencia, que eran quienes realmente me llevarían. Bueno, hubiera preferido elegir yo con quien iba, pero se ve que al no llegar a un mínimo de «excursionistas» te ubican en otra agencia.

En el grupo eran mayoría los alemanes, algunos franceses si no me equivoco y yo la única hispanoparlante. Así que toda la excursión fue en Inglés. El guía era estadounidense , así que no quedaba otra opción que entender. Desayunamos algo, luego subimos todos a una camionetita parecida a un paquete de pan lactal (agradezco la metáfora a un amigo) nosotros adentro, las bicis arriba. Emprendimos nuestro viaje hacia la cumbre. El día no estaba muy lindo, las nubes cubrían todo el cielo y sospechábamos que llovería. Una vez en La Cumbre probamos las bicicletas, tomamos las fotos de rigor y comenzamos el descenso.

La excursión costó unos 75 dólares. ( N de la R: esto fue en el 2008) Ofrecían dos tipos de bicis: unas con suspensión hidráulica ( más cara) y otra normal. Me dijeron que no se notaba la diferencia entre una y otra, así que elegí la segunda opción, la más barata. El primer tramo fue tranquilo, el camino era de asfalto hasta llegar a la verdadera carretera de la muerte. Mi único problema en ese tramo, fue que la rueda de adelante al girar hacia que toda el agua fuera a parar a mis ojos. Ya había comenzado a llover y ya habíase acumulado una cantidad de agua como para provocarme una molesta ceguera circunstancial. Así que de a ratos tenía que cerrar los ojos mientras descendía en el resbaladizo terreno. Pensaba que «quien me había mandado a hacer esto». Pero allí estaba, y disfrutándolo a pesar del sufrimiento.

 

Pasamos por un puesto de control donde anotamos nuestros nombres, ubicado cerca de un cartel con números móviles que indicaban cuántos muertos se había cobrado la carretera en lo que iba del año. Eran veintidós y contando. En la primer parada, nos metimos en el pan lactal y nos dieron unas barras de cereales y bebidas para reponer las primeras energías gastadas. Allí comenzaba realmente la aventura. Montamos nuestras bicis y bajo una llovizna que había mutado en lluvia persistente, iniciamos la parte mas difícil.

Primera dificultad:de este tramo: el ripio. Fácilmente perdía el control de la bicicleta yendo a mediana velocidad en descenso y sobre ripio. Eso hizo que yo y mi inexperiencia ( o mi miedo, o mis ganas de disfrutar un poco más el paisaje, esa era mi excusa) nos alejemos un poco del resto. Lo confieso, fui siempre detrás de todo el grupo al guía que cerraba el grupo.

La carretera era mejor de lo que me imaginaba, los abismos llegan a los 300 metros, la angostura del lugar hacen impensable el hecho de que allí alguna vez hubieran pasado dos autos juntos.O un camión. El clima frio y la aridez del suelo en La Cumbre daban paso a nuevos colores en la vegetación, todo se volvía mas verde e intenso, se escuchaban ríos que no veíamos por la neblina, escuchábamos pájaros cantar y hasta los aromas eran diferentes. Todo olía a frutas y flores, mientras las temperaturas ascendían de a poco, lo que hizo que nos atemos las camperas a la cintura. La camioneta nos acompañaría detrás, pero la lluvia provoco derrumbes que impedirían más adelante su cruce. Así que el conductor volvió sobre sus pasos y tomó la nueva carretera, que se encuentra en frente, para esperarnos en Yolosa. Y con él se fue la cámara, ya que llovía tanto que era imposible no mojarla al sacar una foto, y como no era mía, decidí preservarla.

Los músculos de mi brazo sufrían los saltos que resistía el manubrio, a esto se sumaba el hecho de que iba apretando el freno el ochenta por ciento del tiempo, no quería aumentar el número de aquel cartel de números movibles. Pero pensaba lo mucho que valía la pena, mientras veía cascadas que caían sobre la ruta. Incluso un rio que pasaba sin pedir permiso para seguir su sendero hacia abajo.

 

Debo haber dado bastante pena, ya que el guía se apiadó de mí y me dio su bici con suspensión hidráulica. Que descanso para mis brazos. A esa altura del camino ya estaba toda embarrada y mojada, pero feliz! Solo me faltaba poder disfrutar un poco más el camino, todo mi grupo avanzaba velozmente y yo quería parar más tiempo para ver el paisaje.

 

Pasando una de las tantas curvas, me esperaba una sorpresa. Un derrumbe había copado parte del camino tal cual habían sugerido que podría suceder. Se que los derrumbes son comunes en las rutas bolivianas, pero este me resultaba particularmente inoportuno. Todo el grupo ya había cargado su bicicleta al hombro y había cruzado por el breve espacio que había entre la ruta y el abismo, solo restaban dos compañeros, el guía «trasero» y yo. El barro del derrumbe había cubierto más de tres cuartos de la carretera y desde lo alto aún caían piedras. Para pasar había que alzar la bicicleta sobre los hombros, transitar ese cuarto restante y cercano al abismo lo más rápido que se pudiera, antes de que una piedra rebotara en tu cabeza. Desde el otro lado mis compañeros me alentaban : “Vamos Argentina!” Yo reía de los nervios, mientras llamaba al guía para decirle que me cruce la bici porque hasta ahí habían llegado mis agallas.

Una vez atravesado el derrumbe respiré aliviada. En un charco cercano retozaban mis compañeros quitandose el barro que cubría a algunos, los mas petisos, hasta la cintura.

Continuamos viaje hasta llegar a Yolosa, el clima ya era cálido y la presencia de la selva se hacía sentir en cada lugar donde se mirara. Habíamos llegado enteros.

Nos acercaron hasta Coroico en una camioneta. Allí almorzamos en un gran hotel, yo me enamoré a primera vista con el pueblo, así que fui a comprarme unos pantaloncillos rosas cortos bastante ridículos que fue lo primero que encontré para cambiarme las ropas mojadas ya que había decidido quedarme un día al menos.

Bolivia es muy barato para recorrer y tiene lugares increíbles como este. El hotel en el que me hospedé esa noche tenia piscina, sala de juegos, comedor, masajes, y hasta una pequeña sala de cine. Y no pagué más de cinco dólares (N de la R :Recuerden. 2008 !)

Ese día recorrí un poco el lugar, es pequeño y parece una gran terraza, desde donde uno se asome puede ver el valle, profundo, verde y cautivante. Muchas calles terminan en escaleras descendentes, todo parece suceder cadenciosamente y hay días, como ese, en el que la tormenta corta las comunicaciones y el aislamiento es total.

Al otro día cuando ya dejaba este paraíso en medio de las montañas, tomé un bus en la terminal que tuvo que intentar varios caminos antes de poder salir. El primero que tomó estaba cubierto de barro y las ruedas resbalaban con cierta tendencia hacia el abismo. Los pasajeros iban aumentando el volumen de su voz y sus quejas contra el conductor para que tomara otro camino, señalándole que si había un camión con acoplado estancado ahí tampoco nosotros íbamos a poder pasar. Así que luego de un par de maniobras más en las que zigzagueamos frente a un barranco, retomamos el regreso por otro camino.

La carretera nueva es la que los autos usan actualmente. Los paisajes son bellísimos también, y los derrumbes están presentes, pero aquí si llegan rápido las topadoras para arreglar cualquier contrariedad

Volví a La Paz, ya tengo que empezar el retorno a mis pagos…

 Datos útiles:

  • Rango de precios de la Excursión en bicicleta: Entre 50 y 100 dólares. No les recomiendo hacerla en época de lluvias, las nubes tapan mucho el paisaje y calculo que no se disfruta tanto como sin lluvia.
  • Actualmente la oferta de hospedajes en Coroico creció mucho y hay más variedad. Yo esperaría a llegar ahi y buscar ( aunque hay que ser precavidos con las temporadas altas)

 

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