Verde que te quiero verde!

Luego de animarme a mi primera vez a dedo sola , ya estaba en Tandil despertándome de una noche sin sabanas. El hostel tenía muchas habitaciones y poca gente. Aproveche el desayuno para juntar energías, junte mis petates y salí a caminar.Tuve la lucidez, por primera vez,  de llevarme solo una mochila pequeña, eso me permitió darme el lujo de andar unas buenas horas antes de buscar alojamiento nuevamente. Mapa del poli en mano, enfile rumbo al Parque Independencia.

Tandil era uno de esos destinos pendientes hace rato. Como todo lo cercano, lo dejé para después. Fue una buena decisión, ya que estaba necesitando lo que me ofreció: un destino no muy lejos, con muchas cosas para hacer, pero con la tranquilidad que uno no encuentra en la gran ciudad. Claro que no estamos en 1871, con todo lo apacible que es el lugar , uno no puede creer que aquí ese año haya ocurrido el asesinato de treinta y seis inmigrantes europeos , degollados en mano de gauchos.

Una fuente de Lola Mora me dió la bienvenida al lugar. A la hora de la siesta no había más que un par de jardineros en el Parque. Detrás de la fuente asoma el Fuerte Independencia, regalo de la Comunidad Italiana a la Ciudad de Tandil. Pero lo más lindo estaría un poquito más arriba. Siguiendo una escalera en piedras, se llega al Castillo Morisco, desde donde se puede ver toda la ciudad , dicen que de noche la vista es incluso más linda.

Don Quijote, Sancho Panza y su contrincante

Rodeé el castillo buscando una calle que me llevaría a bajar, y casi sin querer encontré el Lago del fuerte. Una invitación a seguir caminando. Alrededor del lago las personas más activas de la ciudad para ese horario, un circuito deportivo las mantenía corriendo y ejercitándose en un acto de resistencia anti-siesta.

Decidí darle la vuelta al lago, me encontré con un lindo camping de precios normales que me hizo lamentar no haber traido la carpa. Más adelante, un complejo de piletas que me hizo lamentar no haber traído la malla. Pero fueron los únicos lamentos. Los senderos y sus puentecitos, el verde del pasto y los árboles desnudándose al borde del camino, me devolvieron esa sensación perdida de el contacto con lo natural, al menos por un ratito.

Un cartelito llegó a mi vista a modo de invitación: finalmente y luego de una breve subida conocería al Don quijote de cinco metros y Sancho Panza, ambos hechos en hierro, desafiantes ante el molino de viento sobre la cima de un pequeño cerro.

Ya llevaba varias horas caminando y debía procurarme un nuevo lugar donde dormir donde al menos no me cobraran como extras las sábanas, asi que un breve paso por internet me llevó a “La nave de los locos” donde me quedaría definitivamente.

Pero aún quedaba más por recorrer!


Datos útiles
-Hostel   “Caleuche, la nave de los locos”: Paz 320, Tandil. Fb Page La nave de los locos $ 75 la noche, incluye desayuno.

-No se abona entrada ni nada por el estilo por subir al Castillo Morisco. Alli hay una cafetería digna de atardeceres.

Podés ver todas las fotos de este viaje en el Álbum de fotos de Tandil en el Facebook de Dar Vuelta al mundo


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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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