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———- Mensaje enviado ———-

De: Leticia Cappellotto <leti.cappe@gmail.com>

Fecha: 2 de diciembre de 2016, 2:03

Asunto: HK NO ES CHINA (2)

Para: ed_cabrera@gmail.com

 

Sigo viva, sigo en HK. Me mudé de hostel dos veces más.

Para la primera arrastré (sola) mi valija por Nathan St, la calle principal de Kowloon que atraviesa la zona continental hasta el Río de las Perlas y llegué (sola) a una zona menos caótica llamada Tsim Sha Tsui. Me hospedé (sola) en las “Chungking Mansions” que, según la WKP “son conocidas como el alojamiento más barato de Hong Kong”. Viví (sola) en esas torres inmensas en las que tuve que hacer (sola) una fila de más de 20 minutos para tomar (sola) el ascensor cada vez que salí (sola) y entré (sola) para conseguir (sola) comida y ver (sola) los alrededores. Dormí dos noches en una habitación con un indio en la cama de al lado, rezando para que no me viole. Por lo menos no dormí sola, cuac.

Espero a Sofi, pero Sofi no llega. Me manda mensajes diciendo que está en Malasia esperando un papel y después viene, pero algo me dice que voy a tener que hacer todo esto sola (sola de verdad). Aún así la espero: no quiero hacer nada sola y todavía me falta casi un mes acá, tengo miedo y angustia, estoy vacía, no deseo nada, no sé qué pensar. Llegué a China pero esto no es China y me siento como dentro de esa paradoja cuántica del gato de Schordinger: el gato está vivo y muerto a la vez hasta que logremos abrir la caja y descifrarlo así como si China no existe y yo estoy en China, yo no existo. Y encima tengo tanto miedo de morirme que estoy más tiempo pensando en mi muerte que en mi vida, así que básicamente estoy viva y muerta a la vez. Tanto decirle gato a Macri para terminar sintiéndome un gato yo. Chan.

Todo este bardo porque HK es China pero no es China. O es China y no es China al mismo tiempo. Y escribiendo eso me doy cuenta que también aplica a la relación que tenemos: te escribo pero no sé si me leés, no sé si querés leerme, no sé si estás, si no estás, si me querés viva o muerta en tu vida.

 

Comida en Hong Kong

Comida en Hong Kong

¿Podés quererme y no quererme al mismo tiempo?

¿Podés existir y no existir al mismo tiempo?

¿Podés querer más algo que no existe que algo que existe?

Empiezo a entender que el sex appeal de esta ciudad radica justamente en el juego de opuestos que propone. Así estoy yo y así está HK: vivos y muertos, solos y acompañados, en China y en no China.  Si vos no leés esto estaré sola, pero de todas formas estaré sola, rodeada por miles de millones de hongkoneses que no son chinos pero sí lo son.

¿En qué radica la soledad?

¿Estoy sola pero no estoy sola porque estás ahí leyéndome?

¿HK es China pero no es China?

¿Y China es comunista o es capitalista?

¿Cuántas contradicciones puede soportar el cerebro humano?

En los días en los que viví en las Chungking Mansions, murió Fidel Castro. A unas cuadras de allí hay un bar llamado “Castro’s” al que fui a escribir y beber para y tratar de asimilar que estoy en un país comunista que parece cualquier cosa menos comunista cuando muere el líder del comunismo latinoamericano. En el bar suena Rihanna. Qué difícil todo.

Dos días después logro mudarme de hostel otra vez, ahora del lado de allá del Río de las Perlas, en la isla, donde se respira el aire cosmopolita y cool de ciudad mundo que vende HK, en el barrio de  Wan Chai. Paso unos días sin hacer nada esperando a Sofi hasta que Sofi me dice que no viene.

Otra gentileza de Dios para recordarme que existe. Gracias Dios.

Crisis, depresión, etc. ¿Cómo disfrutar de algo que planeaste hacer con alguien cuando ese alguien te abandonó? ¿Mejor sola que mal acompañada aplica también en el país con mayor población del mundo? Nota mental: no creas mucho en lo que te dicen rubias que conocés por internet.

En la desolación por haber sido abandonada le pido al bartender que me drogue. Voy meses sin drogas y está bien, pero esto es demasiado: estoy en una ciudad que me parece horrible, me acaba de plantar una rubia, tengo que afrontar otras tres semanas en un país donde no se habla mi idioma, con pena capital y uno de los sistemas comunistas más cerrados y opresores del mundo. Necesito drogarme.

Pero además de drogas voy a necesitar tomar: la decisión de que no me importa que una persona en la que confié me haya dejado plantada, algunos subtes y colectivos para ir a sacar mi VISA para entrar finalmente a China y un tren de alta velocidad para llegar a China. Todo eso lo voy a tener que tomar sola, pero primero lo primero: llegar al bar de polo argentino fake y drogarme. Alex (el bartender con acceso a drogas), me lleva a un callejoncito, me convida marihuana y nos internamos en una especie de cervecería artesanal cool.

Estoy drogada en Hong Kong. Así se debe sentir ser joven. Wow.

Después de dos cervezas Alex me sube a un taxi, le dice al conductor el nombre de la estación de subte más cercana a mi hostel y cierra la puerta. Entonces ahora estoy drogada y sola en un taxi en Hong Kong de madrugada. Tengo mi primer ataque de pánico. No tan wow.

Bueno, pienso, es oficial, este el último día de mi vida. Morirme tendría sentido, pienso, pero deben ser las drogas, pienso, este tipo puede hacerme lo que quiera, pienso, cuáles son las probabilidades de que sea un violador, pienso, estoy en la mitad de la nada, pienso, mi cuerpo puede evaporarse, pienso, qué necesidad tiene de no descuartizarme, pienso, si podría dejarme tirada en cualquier lugar  y pasarían años hasta que alguien me encuentre, pienso, como sucede dos por tres con las mujeres que viajan solas, pienso, mientras atravieso Hong Kong drogada. Es el fin, es el fin.

Pero no. Finalmente el buen hombre me deja en la estación que el Alex le dijo y tengo que seguir viviendo. Maldición.

El Google Maps no funciona o funciona mal y no puedo ubicar mi hostel. Camino cuatro, cinco cuadras desde la estación hacia una dirección, pero la puerta no aparece. Estoy drogada, estás drogada, Leticia, es obvio que el hostel queda para el otro lado. Camino entonces las cuadras que caminé hasta la estación y otras cinco cuadras para el otro lado. 3 AM de la mañana de un día cualquiera en Hong Kong y estoy drogada, borracha, potencialmente violada y descuartizada, completamente sola, abandonada por la rubia, por todos los novios que nunca tuve, por todos los padres que confiaron demasiado en mí y por todos los amigos que creyeron que estaba lo suficientemente loca como para viajar sola pero llego al hostel después de caminar 40 minutos en redondo.

Me duermo con la ropa puesta, rezando otra vez.

Nunca en mi vida tuve tanto miedo.

En 48hs pisaré China.

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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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