Cuando regresamos a la Habana fui a visitar a mi familia amiga. Les dejé algunos regalitos de mi paso por el sur de su país: unos caracoles y un chocolate con coco. El sur del pais les resultaba lejísimos y casi exótico. Tomé muchas fotos y filmé videos a pedido suyo para mostrarle a su hija en Buenos Aires los progresos en la construcción de su casa. Se mostraban muy orgullosos de que su esfuerzo estuviera rindiendo frutos .Luego nos invitaron a la Casa de la Música de Miramar , donde casualmente el padre de la familia era el gerente. Yo ya había descartado visitar el lugar porque era el más caro del país.

Pasamos por el hotel para cambiarnos, y nos fuimos a Miramar. El barrio no se parecía a nada de lo que habíamos visto durante todo el viaje. La “farandula” llegaba en autos de modelos nuevos y caros. La zona era la más residencial de La Habana, el lugar donde la clase alta vivía antes de la Revolución Cubana . Eso explica los caserones de amplios jardines ocupados actualmente por embajadas.

Nuestras ropas simples contrastaban mucho con el estilo del lugar. Sin ponernos de acuerdo, ambas vestíamos jeans y musculosa negra. Sumada a nuestras cabezas trenzadas parecíamos parte de alguna promoción indefinida. Por otro lado, las mujeres del lugar eran escandalosamente bellas y sensuales. Cubanas de piernas larguísimas con atuendos de fiestas, vestidos largos y brillosos, peinados altos o cabelleras de rulos salvajes que se meneaban al ritmo del son. Los movimientos de cadera de las bailarinas no coordinaban entre si, pero todas brillaban en su cadencia propia y territorial. Porque alrededor de cada una solo había espacio vacios, hasta que algún caballero bajo un traje se animara a invitarlas un trago. Una mirada por sobre el hombro bastaba para evaluar si era merecedor de su compañía.

Frente a ese microambiente individual de las cubanas del lugar, se desplegaba el gran show musical de Bamboleo, una banda de 14 artistas con mucho reconocimiento internacional . Los bailarines del grupo tenían una destreza inimitable al bailar. Se contorneaban provocando el alarido generalizado de la audiencia femenina, entre las que claramente nos incluíamos. Quedarse quieto frente a tanto ritmo era imposible.

Asi baila bamboleo

La noche se había extendido más allá de lo aconsejable. Mi vuelo salía a las 7 AM y ya eran las 3 y seguíamos bailando en la casa de la música. Cuando nos percatamos de la hora tomamos un taxi y regresamos al hotel. Mis cosas estaban a medio guardar aún asi que eso retraso más mi horario de ir a la cama. Cuando finalmente me acosté tuve la sensación de haber dormido un minuto. Cuando sonó el despertador era MUY tarde. Desperté media hora antes del horario de salida del vuelo. Apenas me despedí de Tania, el taxi ya me esperaba abajo y rezaba a mil cielos que anduviese bien el auto y pueda llegar a tiempo.

Cuando llegué al aeropuerto la chica del escritorio para hacer el check in me reclamaba una paciencia que yo había perdido. En la boca de entrada de mi vuelo ya habían pasado todos e incluso hubo sobreventa de vuelos, por lo que ofrecían a los pasajeros quedarse ( oportunidad que lamenté mucho perder, aunque al otro día debía entrar a trabajar). Y asi me despedía de Cuba. Sin tiempos para reflexionar ni lamentar demasiado. Prometiendo y prometiéndome volver el año siguiente, pero esa ya es otra historia.

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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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