Nos levantamos temprano y en medio de la medina. Aun no había digerido tantos cambios y novedades en mi cerebro, pero estaba ansiosa por más . Fuimos en un auto hacia Essaouira, haciendo algunas paradas sumamente curiosas.

Visitamos Assouss argane : una cooperativa de mujeres que trabajan con el fruto del Argan. Ellas mismas lo recolectan y lo muelen para producir aceites, mermeladas y cremas que venden en el negocio que montaron en la misma fábrica. Todo el trabajo es manual y tan simple y laborioso como puede ser el de una mujer sentada sobre una alfombra , picando el fruto con piedras para abrirlo, o moliéndolo con el rha para extraer su aceite. En todo el proceso no desperdician nada: Incluso aquello que no se utiliza para el producto final, se usa para hacer fuego.

Un poco más de viaje y llegamos a Essaouira. Era la ciudad que más escuche nombrar entre los viajeros al hablar de Marruecos. Así que tenía muchas expectativas. Apenas llegué entendí el porqué de tanta referencia. Su nombre deriva de la palabra sauirah, que significa “hermosamente trazado” .
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Antes de ingresar a la ciudad se puede tener una pista de lo que está por ver: desde el punto panorámico puede verse toda la ciudad y su playa, pocos kilómetros antes de entrar. La ciudad te da la bienvenida con algunos kilómetros de arena y atlántico azul, y al acercarnos al casco antiguo, ese mismo azul del mar pareciera trepar a sus ventanas y puertas, complementando el blanco de sus casas para darle los típicos colores que caracterizan a Essaouira.

Un poco más adelante , atravesamos la bab Laachour, una de las puerta principales de ingresos a la medina. A primera vista parecía más fácil ubicarse aquí que en la de marrakesh, y seguramente que Fes, pero después de un par de curvas estaba nuevamente desoorientada. Me rendi ante la evidencia. No puedo entrar a una medina sin perderme.

Dejamos los bolsos y fuimos a procurarnos la comida. Fuimos directamente a la fuente: el puerto. Parece que el mar había sido bondadoso porque los pescadores ofrecían todo tipo de pescados y frutos de mar. Nuestro menú consistiría en calamares, gambas, sepia, lenguado , rape y sardinas.

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Con nuestra materia prima ya seleccionada, fuimos a un restaurante de un amigo de Tarik para que nos cocinara. El sistema es sencillo y efectivo: uno lleva la pesca y ellos lo cocinan. Como resultado, todo es más económico para ambas partes. No esperamos mucho que ya nos tenían nuestro almuerzo preparado. La mesa se lleno de platos que incluso se apilaban para entrar mejor. La comida era una delicia, y fue tan abundante que no pudimos acabar con ella. Le sumamos a los pescados a la brasa una ensalada típica Marroqui: tomate, cebolla y pepino.

Nos fuimos a caminar para ayudar a la digestión. Fuimos hasta el Fuerte del Bastión norte , donde tanto locales como visitantes dedican horas a ver el rompimiento de las olas . Caminamos también por el camino de los artesanos, donde vale advertir que si se pregunta por un precio, uno debe estar dispuesto a entrar en una negociación feroz de la que pocos salen sin haber comprado algo. Pero nunca antes vi una belleza tal en los detalles como la de la artesanía Marroquí. Nunca había visto antes la minuciosidad y belleza con la que acaban sus artesanías.

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Luego de compartir un té con menta, me fui a ver el partido de Argentina –Iran. Aunque busqué, no había ningún argentino a quien abrazar en ocasión de gol. Así que tuve que sufrir sola viendo un partido relatado en árabe, sin ningún compatriota alrededor y definido en el último minuto con un gol de Messi.

Más tarde paseamos entre los puestos del Souk Jedid, o Mercado nuevo. Precia que mientras más tarde se hacía, más mantas echaban en las veredas y calles para vender desde ropa hasta pescados, frutas y hasta celulares. Me era imposible cansarme de ver todo. Aunque las frutas, los pescados, la menta fuera la misma. Cada expresión en la cara de los vendedores decía algo diferente que intentaba descifrar sin éxito.

Solo un día en Essaouira me dejo con ganas de mucho más. En especial sabiendo que aquí es la capital de la Gnawa, mi nuevo género musical favorito, y del que también supo disfrutar Jimmy Page y Robert Plant. Si Marrakech me sorprendió por su agilidad, Essaouira me enamoró con su música. Me hice la promesa de volver para el festival de Gnawa a entregarme a sus hipnóticas melodías.

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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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