20140626-P1070864La vuelta en dromedario ya no tenía las ventajas de la novedad, pero seguía entusiasmándome. Al fin y al cabo, ¿Cuántas oportunidades tendría de mecerme sobre un dromedario, navegando las dunas naranjas del desierto ?
Una vez que llegamos al riad me tocó esperar a que el resto del grupo terminara de arreglarse por lo cual me dispuse a buscar algo para matar el tiempo. Encontré un Sintir apoyado contra una pared, un poco maltrecho e improvisé algunas notas discordinantes. Con eso distraje un poco la impaciencia.

Cuando me cansé de sonar mal, me senté en el comedor, y con la cabeza sobre la mesa me puse a descansar. El guía de la excursión se asomó, preguntándome no se qué cosa, seguramente de dónde era, y traía el Sintir en la mano. Le pregunté si sabia tocarlo, con los ojos llenos de ganas de que me diga que sí. Digo que su hermano algo le había enseñado. Y así me gané un recital exclusivo que hizo que la espera valiera la pena.

Durante el resto del día estuvimos viajando hacia Fez, con algunas paradas ocasionales y aprovechando a dormir todo lo que no habíamos podido dormir en el desierto, apabullados con tanta naturaleza. En los casi 500 kilómetros que nos separaban de nuestro destino vimos monos salvajes, ciudades construidas al mejor estilo suizo, un monumento en piedra parecido a un león y muchos kilómetros de ruta ondulante y de paisajes diversos de tramo a tramo.

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En Fez, me reencontré con la medina más grande del mundo musulmán. Sus callejuelas, sus escondrijos, los burros y sus cargas ocupando todo el ancho y a sus vendedores gritando “BALAK” (el burro va lleno) para que la gente se corra a su paso. Había visitado la Medina por mi cuenta, algunos días antes de encontrarme con el grupo. Pero esta vez la visita sería aún más productiva. Contrataríamos un guía para aprender un poco más sobre esta ciudad amurallada.

Durante la visita guiada a la Medina , muchos lugares y detalles que había pasado por al lado se habían hecho visibles. Como las puertas bajitas que llevan a las guarderías para niños cuyos padres trabajan. O los hornos panaderos a los que algunas mujeres más tradicionalistas llevan la masa del pan para que se lo cocinen, también los distintos barrios dentro de la medina: de los modistos, de los curtidores, de los tintoreros. También pudimos visitar la universidad más antigua del mundo. Al-Karaouine . fundada por una mujer llamada Fátima al-Fihri, en el año 859 .

Nos enteramos de algunas curiosidades recorriendo la Medina. Las carnicerías, por ejemplo, tienen la carne fuera de la heladera porque es bien fresca, del ganado carneado esa misma mañana. La mejor carne es la del toro , y para dar fe de que es realmente un toro, la cuelgan con los testículos. Las gallinas se venden vivas y se matan en el momento porque “es así como dios manda”. En la medina se puede encontrar de todo, desde pollitos de colores fluorescentes, hasta animales disecados, pasando por lápidas talladas a mano y aceitunas de todos los colores.

Pero la estrella del lugar es la curtiembre. Utilizando una técnica antiquísima, muchas familias trabajan tiñendo los cueros de manera artesanal. Para conseguir que sean más suaves y adquieran las tonalidades deseadas , los trabajadores utilizan excremento de paloma y tinturas naturales.
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El proceso cuenta de varios pasos. En un primer momento, los cueros reposan en cal y excremento de paloma para suavizarlos, luego se retiran los restos de pelo o carne que pudieran haber quedado para pasarlos a las cubas donde las tiñen con pigmentos naturales. Por último, se tienden al sol para que se sequen y queden listos para ser vendidos a las fábricas. Para alguna amante de las novelas, este lugar le resultaría conocido por “El Clon”
La vista desde arriba me resultó un poco extraña. Los turistas son conducidos a las terrazas y se les dá una hoja de menta para que no sufran el mal olor del excremento. Yo saludé a los trabajadores, y ellos hacían señas para que bajáramos y nos acercáramos un poco. Nunca encontré la entrada al lugar en el laberinto de la Medina.
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Fez es más que la Medina, pero la Medina es el corazón de Fez. Y por sí sola ofrece tanto que podría haberme pasado una semana entera por lo menos recorriéndola.

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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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