Hoy era un día en el que tendríamos un largo trayecto hasta nuestro destino final. Por suerte los caminos no son nada aburridos por aquí. En cada pueblo o ciudad se pueden ver Kasbah como la de Taourirt en Ouazarzate o la Kasbah de Amridil, a la que llegamos luego de una breve caminata por el pueblo . Allí el sol había quemado la tierra de manera tal que se habían formado una especie de costras cuadradas con sus puntas alzadas hacia arriba por la fuerza del calor. Los niños ven en los turistas la oportunidad de conseguir caramelos, así que algunas se acercaron al ver pasar la camioneta gritando “¡madame! ¡madame!” y les dimos unos caramelos, se fueron riendo y luego nos ofrecieron esgrimiendo una sonrisa fucsia sus maquillajes de juguetes para que se los compremos.

Más adelante atravesamos el Valle de Rosas , aunque sin suerte, ya que no era época de ver las flores. En mayo se realiza una gran fiesta que coincide con la recolección de las rosas. Durante la fiesta las familias de las montañas asisten para presentar a sus hijas en sociedad.

Siguiendo por la misma ruta , encontramos la entrada a la pista de los nómadas en La 4×4 había encontrado su razón de ser. La pista era angosta y pedregosa , avanzábamos a través de subidas y bajadas, curvas y contracurvas dejando una polvareda detrás nuestro. En un punto del recorrido nos encontramos a tres francesas en un descanso de su caminata, estaban haciendo trekking debajo de un sol asesino y a varios kilómetros del último rastro de vida.

Durante dos tramos me di el gusto de viajar en el techo de la 4×4, aferrada de distintas maneras al portaequipaje con pies, piernas y brazos. Mis pies estaban enganchados en la parte inferior del portaequipaje, uno por dentro y otro por fuera, mientras que con mi brazo derecho me agarraba e un costado y a la parte superior del portaequipaje. Éramos tres quienes viajamos recostados en el techo rebotando y riendo, pero a su vez concentrados en no perder ningún punto de apoyo que hiciera que volemos por encima . Aclaro que el que me atreva no quiere decir que no tenga miedo, y que me valió un raspón en el mentón y un par de moretones considerables pero que lo volvería a hacer cada vez que se me presente la oportunidad.

Una vez que llegamos al Valle del Todra dejamos los bolsos en el riad de turno y nos fuimos a hacer un trekking de casi tres horas recorriendo el palmeral . Caminamos entre las plantaciones, donde vimos el trabajo duro de las mujeres del lugar recogiendo los cultivos que luego alimentarían a sus animales. Trabajaban con una Hoz arrancando de raíz los cultivos que luego cargarían atados a sus espaldas. Su trabajo era duro, pero no perdían la frescura. Incluso se permitían bromear sobre como nosotras andábamos de paseo por el mundo mientras ellas trabajaban duro en el campo.
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Tarik les preguntó si podíamos tomarles fotos pero se negaron en un árabe que no comprendimos, aunque si entendimos “internet, facebook” y como sospechábamos, no querían que las fotografiáramos porque luego aparecían en la red social y las verían sus familiares.
Acabamos la caminata con una visita a las Gargantas del Dades las atravesamos por el medio y no alcanzaba mirada que pueda abarcarla en toda su dimensión. Me gustaba caminar mirando hacia arriba mientras las montañas parecían cerrarse en las alturas sobre nosotros.
Por la noche y ya en el riad cenamos Cus Cus en una mesa adornada con pétalos de rosa blanco y a la luz de la vela.

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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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