Maiá- Ku: la búsqueda del observador atento de todo lo que lo rodea, grande o pequeño,  cercano o lejano  vivo o inanimado.  Porque todo está íntimamente relacionado, busca allí las respuestas a sus interrogantes. Para esta forma de observar su mundo los yaganes poseían una  expresión: Maiá ku

Cita de bienvenida en el centro Arakush

El parque Nacional Tierra del fuego esta arrinconado. Como si lo hubieran barrido a una esquinita y allí se amontonaron el bosque, la costa marina, lagos, ríos y montañas.  Cuando uno lo ve en el mapa no puede evitar sentir el vértigo de pisar un área especial del planeta.  Uno de esos extremos. (¿ por qué será que nos  llama tanto la atención pisar los extremos? )

Este viaje fue muy distinto a la primera vez que llegué a Ushuaia.  Habían pasado diez años, la compañía era otra y los kilómetros recorridos desde la primera vez habían creado una distancia no solo espacial, sino de perspectiva. Me preguntaba cuantas cosas mis ojos no habían sabido ver aquella vez y a cuales estaría ciega ahora.

La primera vez que vine me arrojé a la experiencia. Acampé allí, subí al cerro guanaco, cociné con instrumentos mínimos y sufrí el frio calándome los huesos.  Esta segunda vez opté por ahorrarme toda esa exigencia física para predisponerme a otro tipo de experiencia. Una experiencia en la que la vivencia pase por otro lado y no por la demanda física de la primera vez.

Asi fue que me liberé del prejuicio viajero  de  ir en un viaje grupal y organizado hasta el Parque con una de las empresas referentes del lugar: Tolkeyen Patagonia 

Traía algo que en mi primer viaje no tenia. (Porque el viaje a Ushuaia fue uno de mis primeros viajes). Una admiración devota por la naturaleza.  Al haber estado en lugares donde la naturaleza no está escondida sino que es parte de tu dia a dia ( canguros en el jardín, víboras en el garaje, pájaros enormes que golpean ventanas) tomé conciencia de la perfección en cada detalle del equilibrio que monta. Y el parque Nacional  nos da una enseñanza muy puntual acerca de por que el hombre no debería interferir en ese equilibrio perfecto que solo ella sabe construir.

Hace muchos años trajeron castores desde Canadá intentando impulsar la industria peletera. Parece ser que rápidamente se olvidaron del asunto y poco les importó el destino de esa cantidad de castores que liberaron en la zona. Al no tener predadores naturales, la especie se reprodujo ad infinitum y hoy en día es una plaga que preocupa a los locales por la forma en la que destruyen los bosques .

Los paisajes que fueron modelando los castores pueden parecer atractivos, casi de bosque de película de terror: árboles como garras desnudas que apuntan al cielo y lagunas heladas por las bajas temperaturas.

 

Luego, la Bahia Lapataia. Un momento dejavú del viaje. ¡Como podía ser que este paisaje me recordara tanto a Nueva Zelanda! Me prometía mostrarle la fotos a mis amigos de allá para que vieran ese pasto dorado junto al lago de aguas claras y las montañas puntiagudas a corta distancia coronadas de nieve.

Esto es algo que me dio estos años de viaje. Pude haber perdido un poco de capacidad de sorpresa porque todo se parece a algo, cuando no es directamente que ya estuve allí. Pero lo que se resta en sorpresa se suma a tener múltiples puntos de referencia: no puedo evitar pensar esto es más o menos que, similar a o totalmente nuevo.

La Bahía está ubicada al final de la Ruta 3, parte de la gran carretera panamericana que tuve suerte de recorrer en mi primer viaje largo. Recuerdo reencontrarla en cuatro carriles en Ecuador, perderla en la selva del tapón del Darién o saltar con sus pozos en algún lugar de Centroamérica. La panamericana es en mi cabeza una especie de columna vertebral artificial ( la natural serian los andes) y me llena de emoción verla porque la relaciono con aquél loco viaje a dedo hasta México donde fue una guía hacia el norte.

 

Se sabe que el Parque es un lugar excelente para el avistaje de aves. Recuerdo en mi primer viaje el sonido de un pico repiqueteando la madera de un árbol, levantarme de la carpa y buscar con la mirada la cabeza roja del pájaro carpintero buscando alimento. Esta vez  la sorpresa fue otra: tuvimos la suerte de ver Cauquenes.

Los cauquenes fueron en 1931 acusados de ser perjudiciales para los cultivos, y permitieron su caza indiscriminada. Se descubrió luego que la acusación era incorrecta y se empezó a proteger la especie. Hoy en día están protegidos por la ley y considerados en vías de extinción. Así que se podría decir que ¡tuvimos suerte de haberlos visto!

Esta visita me trajo muchos recuerdos pero también sorpresas, como dicen por ahí, lo que cambió desde aquél entonces fueron mis ojos.

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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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