Quién no se trajo alguna chuchería de un viaje alguna vez? 

Cuando sólo conocía el frenesí y el vértigo de esas vacaciones de quince días que uno se gana luego de trabajar los trescientos y pico restantes del año, solía comprarme cuanto souvenir se cruzara en mi camino. A eso le sumaba: arena si era playa, piedritas si era montaña, boletos, pasajes, el diario del lugar, los mapas, todo lo que creyera relacionado con el lugar me lo traía. Digo creyera porque muchas veces le creí el cuento al artesano de turno acerca de la unicidad del objeto, y me desencanté solita en el último viaje por Latinoamérica encontrando el mismo souvenir siendo único en diferentes lugares.

Pero ese no fue el único motivo por el que dejé de comprar recuerdos en cada viaje. Mi motivo para comprarlos era retener un pedacito de ese lugar y de esa experiencia, hacerlo mío y de alguna manera poseerlo. Entonces ubicarlo en una repisa mirarlo y suspirar, desear volver mientras lo examino y devolverlo (devolverme) a su (mi) lugar. Debe tener algo que ver con mi engañosa pretensión de “dejar algo por ver” siempre que viajo a un lugar. ( Como si existiese la posibilidad de poder ver todo!)

Sapos embalsamados Mercado de Brujas, La Paz, Bolivia

Podemos decir que los recuerdos de viaje me ponen nostálgica. No se si es la nostalgia como la define la Rae “Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida” o como la define Woody Allen en “Midnight in Paris” : Negación del presente. Probablemente sea una combinación de las dos Porque creo advertir que desde sus estantes las muñecas cubanas balancean su cabeza en signo de desaprobación cuando me ven salir cada mañana hacia el trabajo. O creo ver que los tótems bolivianos del mercado de brujas clavan su mirada fijamente en mis ojos como reclamando una acción. No, no dejé de comprarme souvenirs para que no me escudriñen más. Creo que fue una decisión de soltar.

Un lugar no se posee, lo más corriente es que las experiencias más lindas se diluyan en nuestras manos cuando intentemos atraparlas. Si uno las suelta es más fácil que pasen a formar parte de nosotros, como nosotros mismos formamos parte del todo. Estamos tan mal acostumbrados a poseer que se nos hizo natural.

Acumular recuerdos de cada lugar se me convirtió en el contrapeso de la búsqueda de nuevas aventuras. Decidí mejor dejar de suspirar ante estos intermediarios de la experiencias reales y salir a buscar otras. Sino una se acomoda fácilmente a las esperanzas y deja la acción de lado. Si, estoy urgida. Quiero salir de viaje, se nota?

Y ustedes?


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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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