“…Yo estoy al derecho, al revés estás vos…” 

SUMO 

Prejuicio: Opinión previa y tenaz, 
por lo general desfavorable, 
acerca de algo que se conoce mal

No me gusta empezar un post con una definición. Pero es una buena manera de ubicarlos en mi cabeza en este momento.

Estuve pensando mucho acerca de los prejuicios. De todo tipo. De los míos, de los ajenos, de los que parecen inofensivos y dejamos pasar, de los xenófobos, los de “la gente grande” o los de los jóvenes. Escucho a diario, no exagero, diez opiniones prejuiciosas. Y gente inamoviblemente sentada sobre ellas, hasta en algún punto orgullosas y jactándose de su ignorancia ( aunque en realidad desconocen hablar por ignorancia) Así que déjenme enojarme, que el mundo está hecho pelota por culpa de estas cosas.

No voy a enumerar, todos escuchamos esos prejuicios y, compañeros viajeros, ¿no les da un poco de indignación, otro poquito de vergüenza ajena? Yo no estoy libre de prejuicios, pero lucho contra ellos, y de hecho me obligo a enfrentarme a ellos para superarlos. Y es que la mayoría de las veces ni sabemos que se trata de un prejuicio, yo no estoy exenta de ello.

¿Me siguen un poco en el razonamiento como para que pueda explicar porque me gusta tanto viajar y porque me gusta motivar a otros a que lo hagan? Viajar te enfrenta a lo desconocido, de una manera casi brutal mientras más ánimo aventurero tengas. Está bien descansar en unas vacaciones de 15 días, de vez en cuando, pobre cuerpo con tanta sobrecarga anual se lo merece. Pero también esta bueno arriesgarse y no planear. No descansar, zambullirse en la naturaleza y en el contacto humano con alguien de otro lugar. No necesariamente otro país, puede ser otra ciudad. No hay nada más lindo que descubrir cosas en común con alguien que nos parecía muy lejano. No puedo explicarles con palabras lo lindo que es reírse con alguien que ni habla tu idioma, entenderse con gestos, sonreírse con los ojos, entrar en comunión con el otro. Pero si nos aferramos a nuestros prejuicios eso es imposible. Si nos aferramos con la tenacidad de la que habla la definición, a la creencia de que el otro es malo, sucio, violento, roba-trabajos, ladrón y miles de etcéteras encasilladas en nacionalidades jamás vamos a salir de nuestra baldosa. Si nos apuramos a juzgar a una persona como si tuviéramos la mínima chance de definir algo en un mundo en constante movimiento, las cosas no van a cambiar nunca. ¿En serio se puede creer que el universo se supedita a nuestras categorías? ¿En serio se puede creer que los hombres se fabrican en serie, se etiquetan por nacionalidad y sus personalidades responden a nuestras creencias sobre ellos (sobre todos ellos) a la vez? Vamos, ¿quién puede creerse ese cuento?

¡Vale la pena!

¿No será que a alguien le conviene mantenernos ciegos y temerosos de los otros, que no actuemos comunitariamente , que nos encerremos detrás de rejas, llaves y candados y desconfiemos hasta de nuestra sombra?

Yo los invito a viajar. A probar comidas nuevas, a hablar con extraños. Creo firmemente que si viajaramos más el mundo estaría mejor. Cuando creé este blog intenté un juego de palabras con mis ganas viajeras de darle la vuelta al mundo, pero también con la intención de buscar alguna manera de dar vuelta al mundo, que a mí a veces me parece que está patas para arriba cuando me cuestiono los valores extraños que rigen esta sociedad.


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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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