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El itinerario inicial que había planeado se había desfasado bastante por culpa de Baracoa.
Había leído de este lugar en algún foro de viaje, la gente se enamoraba de este pueblo y así me paso a mí también. No solamente por los paisajes, ya que tiene más que ofrecer que solo playas (de por si hermosas) sino porque es también un respiro en el viaje. En Baracoa había muchos menos “jineteros” y al ser un lugar tan chico el primer día uno se siente acosado, pero al segundo día ya conocen nuestras caras y no vuelven a insistir.

El que quiere “celestes” que le cueste (?)

El plan del día para hoy era ir a la playa. Sabíamos que a unos 22km se encontraba Villa Maguana, y sabíamos que no mucha gente llegaba ahí, así que podríamos disfrutar de la playa tranquilamente.

Preguntamos a nuestros anfitriones de la casa particular si sabían cómo llegar a Maguana. Nos dijeron que solo podía llegarse en auto y nos recomendaron a un amigo. Claro que el amigo no tenía nuestras urgencias y tardo más o menos lo que quiso en venir a buscarnos. Eso nos pasó todo el viaje, la cadencia es otra, uno debe adaptarse o morir en el intento. De nada sirve reclamos, apuradas o manifestaciones de enojo.

La ruta que tomamos estaba bastante deteriorada, así que el viejo, caliente y enorme auto que nos transportaba parecía sufrir más que nosotros. Cuba es otro de esos lugares donde las previsiones tiempo/distancia carecen de sentido. Mejor dejarse llevar.

¡Siempre predispuestas para el baile!

Finalmente llegamos a Vila Maguana. Desde la calle vimos la playa y no esperamos mucho para ir a tirarnos en la arena. Solo estábamos nosotros y un grupo bizarro de turistas mayores, oriundos de quien sabe dónde, montando un pobre chancho que debía soportar su mala relación con el alcohol. Tania estaba enfurecida y si mal no recuerdo incluso los increpó. Después nos preguntamos porque algunos lugares no aprecian mucho a los turistas.

Conseguimos unas reposeras y nos sentamos a ad-mirar la playa. No creo que existan playas feas en Cuba, así que imagínense una hermosa playa celeste de arenas blancas. Es mil veces más lindo de lo que imaginan. Al poco tiempo empezaron a acercársenos los vendedores. De entre todos los ofrecimientos (coco, gamas, jugos, excursiones, mil etcéteras) aceptamos un almuerzo por un precio irrisorio: gambas, arroz y plátano frito por algo así como 2 cucs. Luego tuve la mala idea de pedir un coco y eso desató una pelea de vendedores que luego me trajeron como 5 cocos poniéndonos en una situación un tanto incómoda.

Pasamos la tarde en la playa, comiendo, relajándonos con la vista del mar, caminando en la arena y remojándonos los pies en el agua tibia. Se acercaba la hora de volver y ya el auto nos vendría a buscar. Se había armado un baile improvisado entre los empleados de un bar de playa y nos unimos un ratito para hacer tiempo.

Por la noche, ya en nuestra casa, disfrutamos de una cena hecha por los anfitriones. Tampoco al otro día podríamos dejar Baracoa.


Pueden ver todas las fotos de este viaje en el Album de fotos de Cuba en Facebook.


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Eliana | Dar vuelta al Mundo

Soy Eliana y tengo un problema grave de curiosidad infinita. Soy autodidacta en mil cosas a medias, pero pongo todo mi corazón en viajar, escribir y emprender.
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