Cuando volví a Bangkok después de un año de trabajar en Australia la sensación fue como la de desabotonarse el primer botón del pantalón después de darse una panzada.

No habíamos tenido un buen comienzo: la primera vez volé desde Roma a Jordania aún con salud, pero en esa escala algo malo (no) habré digerido porque casi no pude sentarme durante el vuelo (muy a pesar de mi compañero de asiento). Me la pasé parada al lado del baño sin que hubiera turbulencia que me desanime en mis intenciones.

Arte urbano en Bangkok

Arte urbano en Bangkok

Recuerdo boquear como pez fuera del agua al tocar tierra en Tailandia. Con las ganas que tenia de explorar este país lleno de simbolitos enrulados , ¿cómo iba a hacerlo sin la función básica de llevar aire a mis pulmones?

El tránsito fue un agravante. Tardé en aprender lo inviable que es tomarse un colectivo (a menos que disfrutes estar parado en el tráfico durante horas) y alucinaba con lo ruidosa que era cualquier avenida céntrica.

Las veredas: una ilusión colectiva. Nada de caminar admirando la arquitectura cabeza arriba con esas baldosas asesinas. Probablemente choqué con cinco tailandeses, un carrito de comidas y dos mesitas de vendedores ambulantes por cuadra.

La ghost tower desde un templo

La ghost tower desde un templo

Bangkok me había parecido olorosa, caliente, caótica, el último lugar en la tierra donde podría vivir.

La segunda vez fue de transición. Aprender a dominar el transporte, ubicar alojamientos sin bares abajo en los que se pueda dormir en serio. Probar uno, dos, tres puestos callejeros de comida y fallar pero no bajar los brazos.

Salir del recorrido turístico de Bangkok: seguir negándome a visitar el palacio real y en cambio visitar ese cementerio chino que mencionaron en ese post perdido de un blog. Nuevamente volver al mapa y adivinar entre callejuelas.

Caminar por cualquier lado y sin dirección, terminar bordeando un canal en un pasillo que apenas supera el ancho de mis caderas. O cruzarlo teniendo que hacer “pan y queso” con los pies en una viga y sin mirar para abajo el agua densa como el petróleo.

Cementerio chino en Bangkok

Cementerio chino en Bangkok

Me doy cuenta que cuando menos exploro más conozco el lugar.

Para cruzar de lado sirvase de la viga

Para cruzar de lado sirvase de la viga

Y durante esta etapa la ciudad paso a ser también punto de encuentro con amigos. Una dosis de familiaridad que la colorea diferente: ahora tenía un anclaje en algo que me tocara más profundamente que un atractivo turístico.

Tuvieron que pasar meses, países, separaciones, reuniones y mapas para cambiar mi forma de verla.

La tercera visita fue un regreso. Lo caótico ya no era indomable y los lugares conocidos eran lugares adonde volver. El rio ya no era motivo de miedos sino de curiosidad: ¿qué hace un lagarto ahí adentro? ¿Cómo nunca noté esa tortuga que se esfuerza por trepar el muro que termina en la baranda que está al lado de mi mesa en el puestito donde desayuno?

Lagarto de rio en Bangkok

Lagarto de rio en Bangkok

Viajar liviano ayuda mucho, el esfuerzo físico de cargar casi veinte kilos en la espalda a veces nubla un poco el criterio. Esta vez pude llegar y recorrer los pasillos que no aparecen en las aplicaciones del celular, incluso hasta perder la senda por las plantas que se apropian de todo. A poco no se necesita un machete para avanzar en algunos lugares.

Y esa es otra de las cosas que empecé a apreciar de esta ciudad: perdió la batalla contra la naturaleza. La perdió. Hasta las calles más céntricas parecen un capitulo de esa serie que trataba sobre qué pasaría si la humanidad desapareciera y como la naturaleza volvería a ocupar los lugares que le pertenecían.

Los balcones en plenas calles comerciales se ven agrietados por el “peso” del tiempo. Y de esas grietas nacen tallos de los que nacen hojas y flores como un acto de resistencia de decir sigo acá, ¿ves? Si no soy yo será ella pero no nos van a detener.

Bangkok ya no es para mí templo y tuk tuk, aunque si Pad Thai y Rio.

El famoso Pad Thai de Khao San

El famoso Pad Thai de Khao San

¿Conocés los fraudes turísticos del Sudeste Asiático?

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