Las manos me sudan, las piernas me tiemblan y el corazón se para ahuecando el pecho cuando estoy en las alturas. Por eso cuando me invitaron a hacer zipline tuve que ponerme en «modalidad viaje»: es una especie de estado mental al que acudo viajando que tiene una sola ley a seguir: «esta puede ser la única oportunidad que tengas de hacerlo, ¡hacélo!»

Mi primera vez haciendo Zipline

La mañana de la cita fuimos hasta Mae Kampong donde nos equiparon y nos dieron las indicaciones de seguridad.

«Me gusta esto de la aventura, pero … estaré a tiempo de arrepentirme?»

Al llegar al primero de los árboles teníamos una pequeña Zipline que todos esperábamos fuera «de ensayo» pero no. Sin ensayo. A los bifes.

Nota mental: levantar los pies para ir lento o estirarlos para ganar velocidad. Estos dos ganchotes me atan a la línea y a la vida . No tocarlos por nada del mundo. ¿Seré capaz de recordarlo todo? ¿Por qué me meto en estas cosas? ¿Y si me olvido cómo se hace? ¿Y si toco el gancho sin querer y me caigo al vacio? Lo mejor en estos casos es no pensar.

Volando en Zipline

Volando en Zipline

Momento de gloria vertiginoso

Momento de gloria vertiginoso

Salieron los primeros volando. No fui última pero casi. Sabía que si pasaba el primero, podía con todos ( aunque la idea de bajarme antes de las zipline más altas estaba latente) La bajada no dura ni un minuto y no fui capaz de abrir los ojos y menos mirar hacia abajo, hasta el final.

Pero había dado el salto (literalmente) Iba a ir soltándome de a poco y cada línea sería mejor que la anterior.

Fueron siete kilómetros de líneas en total, la más alta fueron 800 metros y tuve que tomar aire en la mitad para seguir gritando. Cada vez que llegábamos al siguiente árbol festejábamos estar un paso más adelante en nuestra lucha contra el vértigo :las manos sudorosas, las caras rojas de excitación y risas con mezcla de nervios y felicidad.

Algunos aprovechábamos a abrazar los árboles que sostenían cada punto de llegada: mitad intercambio energético, mitad necesidad de contención, pero funcionaba.

Algunas pasos entre plataformas eran puentes colgantes hechos de maderitas más separadas las unas con las otras de lo que hubiéramos deseado. En otros tramos simplemente bajábamos colgando de una cuerda, haciendo imposible el no ser conscientes de la altura.

Puentes entre plataformas

Los puentes entre plataformas

Así que al final, siete kilómetros de altura y deslizamiento después, estoy más cerca de perder el miedo a las alturas. Un par de sesiones más y estoy hecha.

Las estrellas del paseo: los Gibbons

Justo antes de la línea más alta y larga, nos dijeron que veríamos a los Gibbons. FOTG introdujo dos parejas de Gibbons en la foresta, una especie amenazada por su baja tasa de natalidad y porque su carne se come o son vendidos a tiendas de mascotas.

Desde que lo hicieron en el 2007 la pareja más vieja tuvo dos bebes, y todos son alimentados en un árbol en particular. Quienes visiten el parque a la mañana como nosotros lo hicimos tienen la suerte de escucharlos «cantar».

Es un pecado no poder describirlo, así que filme un video para que lo escuchen por ustedes mismos. Fue una experiencia de conexión con la naturaleza tan fuerte que nos quedamos todos mudos .Sin dudas fue una de las cosas más lindas de mi viaje por el Sudeste Asiático

La manera en que son cazados los gibbons es terrible. Matan a la madre para que los niños bajen de la cima de los arboles a buscarla, y ahí es cuando los atrapan para venderlos a tiendas de mascotas. Normalmente no son bien alimentados en cautiverio y llegada a cierta edad se vuelven agresivos. Los dueños se deshacen de ellos matándolos cuando eso pasa.

Es mucho más lindo ver los animales «exóticos» libres. No tengan mascotas de este tipo por favor 🙁

Mae Kampong y la recuperación del pasado

Flight of the Gibbon tiene de su lado a Demis Galli, un biólogo italiano que está a cargo de la conservación de la foresta en esta y otras sedes donde funcionan las Zipline. El nos llevo a recorrer Mae Kampong para contarnos sobre las iniciativas que llevan a cabo en la villa.

La empresa promueve que se conserven muchas de las tradiciones artesanales que se irían perdiendo de no ser por su mediación. Desde la señora que teje canastitas para contener el arroz que se venden en los mercados hasta las almohadillas de té.

Saquitos de te aromáticos

Saquitos de te aromáticos

A ellos se les paga por seguir produciendo ya que dejaron de ser actividades rentables. Un buen recurso para que no se pierdan para siempre, ya que los mas jóvenes no están interesados en continuar con las tradiciones.

Probamos hojas de te fermentadas: el equivalente asiático a las hojas de coca. Meses de trabajo para lograrlo y lo venden a un precio ínfimo. No soy fan de los estimulantes, pero definitivamente elegiría uno de estos antes que los tóxicos que venden en el supermercado.

Después aprendimos de la mano del «doctor» del pueblo sobre plantas medicinales que encuentran en la foresta y sus usos: un enjuague bucal 100% natural , una planta que te cierra las heridas y las desinfecta, los trozos de canela más grandes y aromáticos que haya visto en mi vida y hasta un viagra natural.

El trabajo de Demis es recopilar toda esa información para preservarla, a la vez que intenta introducir practicas sustentables y ecológicas entre los habitantes de Mae Kampong, quienes por suerte ya no necesitan recurrir tanto a la foresta gracias al apoyo de la empresa.

las hojas de te se cortan de manera que sigan creciendo

las hojas de te se cortan de manera que sigan creciendo

Hierbas medicinales

Hierbas medicinales

Luego de la visita guiada nos quedamos en la villa a dormir. Dos familias locales abrieron las puertas de su casa para nosotros y nos cocinaron comida local. El masaje Thailandés de la tarde fue el complemento perfecto para desconectarnos de lo que deberíamos desconectarnos. El café de la mañana cosechado por ellos mismos fue otro momento glorioso para mis sentidos.

Cuando empezó a oscurecer todo el pueblo bajó para asistir a un funeral. El rito es diferente a lo que estamos acostumbrados, por lo que casi todos observamos desde afuera la reunión y luego nos retiramos.

Terminamos la noche sentados en el único almacén del pueblo, riéndonos con los amoríos y las disputas territoriales de los cuatro perros del lugar. Paul observó muy atinadamente. «Eso es lo que pasa cuando no hay Wifi»

Y luego agregó. ¿Y saben qué? Hoy es lunes.

Turismo Responsable : el único tipo de turismo que deberíamos practicar.

Este año tuve la suerte de asistir a una conferencia de la Pacific Asian Travel Association donde el tema principal era el turismo responsable.

Tengo que admitirlo: antes de ir tocaba muy de oído el tema. Cuando vi que no era sólo «no montar elefantes» y cuantas iniciativas hay que no sólo no dañan la naturaleza sino que llevan a cabo practicas sustentables y de recuperación del medio ambiente me quede asombradísima.

Por eso la experiencia en Flight of the Gibbon fue de las más gratificantes que tuve viajando. Se preocupan y se ocupan de hacer las cosas bien, teniendo en cuenta la comunidad y la naturaleza del ambiente en el que van a trabajar.

Yo creo que la confianza que tienen en sí mismos proviene de saber que hacen las cosas bien. Es un proyecto muy bien armado y al que me dio gusto conocer. Ellos no me dijeron que escribir ni cómo. Con sólo mostrar el trabajo que hacen bastó para inspirarme en escribir estas palabras.

Guesthouse en Mae Kampong

Guesthouse en Mae Kampong

Los Bloggers de PTBA con Demis

Los Bloggers de PTBA con Demis

Otros links de interes:

Flight of the gibbon Chiang Mai
My Chiang Mai Zipline Tour, an unmissable adventure in Thailand
Mae Kampong Homestay and Eco-Tourism Village, Chiang Mai
Aventura Na Tailandia
Review: Flight of the Gibbon, Chiang Mai

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