“Memento mori -calló un momento y prosiguió- Recuerda que vas a morir (…) No importa que ocurra en un mes, en el 2012, o dentro de muchos años. Ten el fin presente, no sea cosa de que te olvides de él. Es la gran herramienta con que contamos para encontrarle, cada uno sabrá como, sentido a la vida”

 

En “El Merlin Maya”, por Nicolas Meta, “Enlazador de mundos”

¿Y que tendrá la muerte que ver con todo esto?

En los últimos años me convencí de algo: a la única cosa que le temo realmente es a la muerte. Y solo porque ella me quita toda oportunidad de vivir. Aprendí que los temores en los parciales, hacia los jefes, a enfrentar determinadas situaciones sociales, no son nada comparado con eso. Cada vez que afronto una situación que me pone nerviosa se repite este soliloquio:

– ¿Qué es lo peor que me puede pasar?
– Morir
– ¿Esto me va a matar?
– No
– Entonces… ¡adelante!

Sin embargo la idea de la muerte me resulta funcional en otro aspecto. Cada vez que ella me recuerda la finitud de mi propia vida, se fortalece mi idea de vivir cada segundo como lo único que es. Un segundo que se va y no vuelve: “Carpe diem quam minimum credula postero” dice el dicho y cuanta verdad encierra (vive el momento, no confíes en el mañana).

Esto es serio gente, no desperdicien su tiempo en enojos y preocupaciones que no llevan a nada, el tiempo que se va no vuelve, no creo que nadie aspire a ser el «viejito-arrepentido-de-no-haber-hecho-aquello-que-soñó”.

Por hoy me despido pero antes mi dedicatoria a una persona con la que reí mucho. ¡Te quiero amiga!

 


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