Mis planes habían cambiado rotundamente: de ir a trabajar a Irlanda, a ir atrabajar a Australia, tenía un par de kilómetros de desfasaje. Pero seguí mis instintos y pegué el volantazo. Estaba en Madrid, visitando a mi amiga, haría una escala en Roma por un día y allí tomaría mi vuelo a Bangkok

Sin saber nada, aunque habiendo escuchado mucho, tomé aquel avión, dormí en el aeropuerto, y al otro día por la mañana me dediqué a caminar esta ciudad de la que tantos se habían enamorado. La primera impresión no fue la mejor, el subterráneo no era para nada glamoroso, los alrededores de Termini olían mal y algunos edificios descascaraban su vejez, una vejez que no me generaba admiración por su antigüedad , sino más bien rechazo.

No tuve que caminar muchos metros para darme cuenta lo rápido y mal que había juzgado a Roma en un primer momento. A pocas cuadras de la estación estaban esos rincones que tan rápido encantan a sus visitantes. No hacía falta llegar a los gigantes del turismo romano, a la vuelta de cada esquina se puede tocar un cachito de historia.


Mapa en mano llegué al Coliseo.

La cola para ingresar era infinita y más. No fue el primer lugar hiperturístico en el que estuve, pero nunca pase dos horas tan apretujada como en la cola para el ingreso. La culpa fue mía por no hacer caso a las recomendaciones que hubiera leído si hubiera planeado algo. Un encuentro casual enriqueció la demora: reconocí a dos argentinos por su mate, y compartimos la espera entre consejos y anécdotas de su estadía en el país como voluntarios. El recorrido llevó su tiempo, cada uno de sus tres pisos tenía exhibiciones diferentes, pero aunque resultaban interesantes, disfruté más de palpar sus paredes ásperas pensando cuanta historia había en ellas y cuanta carga «energética» debían conservar, si me permiten el toque espiritual.

Interior del Coliseo Romano

Interior del Coliseo Romano

El coliseo no es el único atractivo de la Piazza: El Foro Romano, el Monte Palatino, El Arco de Constantino son , por nombrar algunos, los atractivos accesibles a pie. Yo me contenté con verlos «de pasadita» ya que tenía el apuro impuesto del próximo vuelo a tomar destino Bangkok.

Mi siguiente parada fue la fontana di Trevi. La mítica Fontana Di Trevi. ¡La habia visto tantas veces en pantalla! me la imaginaba elegante, con detalles delicados y brillando a través de los deseos de gente de todo el mundo en forma de moneditas . Y así fue, éramos cientos simplemente parados frente a ella , bellísima a pesar de estar en refacciones, y de que unas barras metálicas se interpusieran entre ella y nosotros. Para llegar tuve que evitar tentarme con el gelatto y la pizza, de la Via Della Stamperia, una peatonal repleta de tienditas y restaurantes que podrían haber acabado con mi presupuesto en centésimas de segundo. Es muy llamativo el tamaño de la plaza que hospeda a esta celebridad: prácticamente te topás con ella si caminas distraído, y la enormidad de la escena de Anita Ekberg ) parece más mérito de la actriz que de la escenografía.

Arco Di Constantino

Arco Di Constantino

No quiero olvidarme de un habitué del lugar, que ajeno a deseos y admiracion turística, se ocupaba de recoger las monedas que la gente tiraba fuera de la fuente usando un palo con una cinta adherente en su extremo. Cada uno en lo suyo.

Unas cuadras más adelante me encontraría con la Piazza Navona Cuando se camina por Roma, lo más fácil es toparse con una plaza con esculturas que te distrae toda la tarde. Sentarse en un banquito y mirar los edificios, ni tan altos ni tan bajos, observar la vida social de una tarde romana escurrirse entre los turistas, puede ser perfectamente el plan del día. Luego descubriría que en una de las fuentes principales, la » Fontana dei Quattro Fiumi» o fuente de los cuatro ríos, está representado mi lejano Rio de La Plata. Casualidades, lo llamaría, o como uno se va encontrando con uno mismo en cualquier lugar del mundo, si me quisiera poner más filosófica.

Piazza-Navona

Piazza Navona

Me costó desatornillarme de mi asiento para seguir recorriendo.

Pero más allá estaba el Pantheon. Los pies ya dolían así que antes de ingresar quise descansar. Hubiera deseado saber andar en moto para alquilar una y no tener que caminar tanto. Un tipo se me acercó hablando un inglés atravesado. Vestía como si se hubiera querido parecer decente, pero resultaba más bien poco creíble. En todo momento intentaba acercarse a mí o más bien a mi mochila, me invitaba no se adónde o decía halagos, nada tenía sentido hasta que todo lo tuvo: era un carterista un poco más laborioso que el promedio. No entendía cual era su plan para robarme no se qué, pero me acerqué a un policia intentando ahuyentarlo. Cuando me alejé del uniformado volvió al ataque hasta que me puse un poco más violenta y le sugerí que me dejara en paz , por decirlo delicadamente.

Cuando finalmente pude ver el Pantheon me asombró su estado de conservación. En especial , el de la Cúpula, diecinueve siglos después de su construcción permanece intacta. No soy una gran conocedora de estilos o historias arquitectónicas, pero era imposible no conmoverse con visitarlo.

Panteon de Agripa

Panteon de Agripa

Comencé el retorno, debía encontrarme con mi couchsurfer a cierta hora, así que deje que el camino de regreso me sorprendiera con lo que fuera, y sabia que la ciudad estaría a la altura del desafío. Me choqué prácticamente con la Piazza di Popolo. Y como si fuera tan afortunada de que alguien me planee un final ideal, un viejito de sombrero en piso y voz reposada pero sentenciosa cantaba canciones italianas de amor que vestían la plaza con su armonía.

Esto no va a quedar así, Roma.

La noche en lo de mi couch es otra historia digna de un post entero. Gente rara. Aunque valió la pena la vuelta nocturna por el vaticano en moto, o la caminata a orillas del Fiume Tevere . Probé por primera vez una vera pizza italiana, puedo decir que jamás veré otra pizza con los mismos ojos y la medialuna rellena en plena madrugada , es algo a lo que podría acostumbrarme.

Sin dudas dejé mucho por ver, si quieren decirme cuales son sus rincones favoritos de Roma para mi regreso, tomaré nota de sus comentarios 🙂

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