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———- Mensaje enviado ———-

De: Leticia Cappellotto <leti.cappe@gmail.com>

Fecha: 5 de diciembre de 2016, 4:58

Asunto: SHANGHAI ES CASI CHINA

Para: ed_cabrera@gmail.com

 

WARNING ALERT: Estoy en China. China existe.

El miedo no se me pasó ni un segundo.

Al final me saqué un aéreo porque esperando a Sofi me demoré demasiado y no pude reservar el tren. En el medio me confundí el boarding time de mi vuelo y tuve que correr para no perderlo. Pareciera que en lugar de saber más como viajar sola cada vez sé menos como viajar sola. Pero lo hice. Sola y en un ataque de pánico perpetuo lo hice igual: reservé un hostel en Shanghái, tomé un vuelo hacia Shanghái, paré un taxi en Shanghai, llegué a un barrio oscuro y decadente en Shanghái y finalmente al hostel en Shanghái. Conclusión, estoy en China, China existe. Por si necesitás algo vivo en Shanghai Chi Chen Boutique Hotel, 上海赤忱酒店, No.21 Qiao Jia Road, Huangpu, Shanghai, China.

Estoy en una zona más bien fea no muy lejos del centro pero no recorrí mucho porque los primeros días me abrumó la abulia, sentí otra vez que se me había acabado la nafta para la aventura, que ya no me importaba conocer ni descubrir nada. Pero sí, estoy aquí, estoy en China. Y vivo al lado de un supermercado chino en China donde me compro latas de cerveza para poder escribirte a la noche y no me dan el vuelto con caramelos. Y te escribo con dificultad porque en China no es fácil entrar a los sitios de internet occidentales pero me bajé un encriptador de IP en HK que funciona intermitentemente y para el gobierno estoy en Singapur la mayor parte del tiempo. Pero estoy en China, porque China existe.

Como me tomó unos días animarme a salir a la realidad, en mi período de aclimatación en el hostel conocí a una chica rusa que duerme en mi habitación, dice que es profe de yoga y que detesta a los chinos “porque son todos muy mentirosos”. Vive hace un año acá, dice, así que algo debe saber. Lo raro es que al atardecer se viste como cualquier cosa menos como profe de yoga y sale. Hubo días que no volvió hasta la mañana siguiente. Chan. Eso lo sé porque me paso días en la cama, triste, abrumada, completamente agobiada. Pero tengo que poder. Tengo que poder.

Tengo que poder:

  1. Tener ganas de salir del hostel
  2. Salir del hostel
  3. Tener ganas de tomarme subtes
  4. Tomarme subtes
  5. Tener ganas de caminar
  6. Caminar
  7. Tener ganas de ir a otras ciudades alrededor de Shanghái
  8. Ir a otras ciudades alrededor de Shanghái

Pero no. Tengo que poder pero no. O por lo menos todavía no. Estoy en China, no tengo ganas de nada y estoy completamente agotada de tratar de hacer encajar todo lo que estoy viendo en la idea que tenía de China como “potencia del siglo XXI”. Me consuelo pensando, de todas formas, que si la política es el arte de cambiar las cosas, nada más político que venir de visita a un país que pone en contradicción los principios básicos del TEG de la modernidad. Ver el capitalismo comunista o comunismo chino es lo que vine a buscar en este viaje. Y acá está: es aún más contradictorio que lo que me imaginaba, pero acá esta, el ying / yang en su máxima expresión. Y mientras estoy en China sin poder moverme de mi hostel, gastando demasiada energía en tratar de asimilar que estoy en China, recuerdo que mi obsesión con este país arrancó con un cuento muy breve de Marco Denevi que leí en 2005 llamado: “EL PELIGRO AMARILLO”: Nos dicen que los chinos tienen la piel amarilla, pero nunca hemos visto a un hombre con la piel del color del limón maduro o de la yema del huevo. Se nos dice que los chinos suman miles de millones, pero nadie los ha contado uno por uno. Se nos asegura que los chinos hablan en chino, pero jamás hemos oído que alguien hable en ese extraño idioma. Las cartas que hemos enviado a China no han sido contestadas y nuestros embajadores no han vuelto. En síntesis: el peligro amarillo es una patraña de nuestros enemigos.

De ahí la idea de que China no existiese. De ahí mi fascinación con venir a verla. De ahí mi obsesión con decir: China existe. Porque China sí existe, ahora sí lo puedo decir.

Y muchas cosas sí existen en la China que sí existe: Apple, Prada, Gucci, Forever 21, consumismo, comunismo, chinos que escupen todo el tiempo por la calle, hablan a los gritos, fuman en todas partes, basura, cables, policía, rotiserías que exhiben animales rostizados que no conozco, etc.

Pero muchas otras cosas no existen en la China que sí existe: propiedad privada, democracia, división de poderes, libertad de expresión, libertad de prensa, libertad de reunión, libertad de asociación, libertad de lugar de residencia, libertad de huelga, de manifestarse, de protestar; garantías civiles varias, respeto por los derechos humanos, libertad religiosa, cuidado por el medioambiente, Google, Facebook, Youtube y Twitter.

Para rematar: en mi hostel (que existe) en la China (que existe) hay 4 carteles (existentes) explicando que si alguien me ofrece cualquier cosa en la calle no lo acepte. Bárbaro. A la final China es como el conurbano bonaerense: sucio, peligroso, lleno de misterio y con gente que come cualquier cosa.

¿Entendés ahora por qué todo me da miedo??

También, hilando fino, me doy cuenta que China me abruma porque es la concreción de un proyecto y un sueño de muchos años que me demuestra de forma escalofriante como nada nunca la potencia del hacer. Estar acá es la materialidad más extrema que lo que me propongo lo concreto y eso, justamente eso, también es un acto político. Lo que no quiere decir que no me muera de miedo a cada paso. Pero lo doy. Doy un paso atrás de otro y camino por China, el país que quiero visitar hace muchos años, aunque eso no me haga feliz en absoluto. Voy a tener que contarle a mis nietos que atravesé sola China para que entiendan por qué después me casé con el primer gil que pasaba y ahora es su abuelo. Lo siento nietos.

Además de los potenciales robos, los potenciales escupitajos voladores y los potenciales policías que me miran con cara de “quién es usted y qué hace aquí si no es comunista y se le nota”, está el tema de la comida. Comer es fundamental. La energía que me falta y se la adjudico a lo mal que estoy, a la soledad, a la depresión o lo que sea nunca la relaciono con el sencillo acto de comer. Muchísimas veces creo que estoy angustiada y en realidad tengo hambre. Y como también tengo miedo de comer perro y no tengo fuerza ni paciencia para lidiar con un supermercado ni mucho menos con un mozo y/o una carta de restaurant lo único que puedo comer son cosas precocinadas y muy berretas que venden en los kioscos 24 hs.

En el país con la tradición culinaria más antigua del mundo yo paso hambre. Ok. Con esto de comer así de mal también tengo miedo de enfermarme. Básicamente tengo miedo de no llegar viva hasta mi aéreo de vuelta a la civilización no china y tengo miedo de volver a existir después de pasarme un mes no existiendo en la China que no existe.

Pero no, más allá del miedo lo voy a lograr: el miércoles que viene me tomo un avión a Pekín.

Again: ¿Cómo carajo llegué acá? ¿Qué me trajo hasta acá?

Voy a repetirme y repetirte lo que decía cuando me preguntaban por qué quería venir: “China es el futuro de la humanidad, quiero haber ido a la metrópoli cuando nos hayan conquistado, quiero haber visto con mis propios ojos el comunismo más grande del planeta para poder decir, cuando no quede vestigio del capitalismo norteamericano al que estamos acostumbrados sobre la faz de la tierra, que yo la ví primero, que yo la tenía re clara”. Pero antes de hacerme la canchera con mis tremendas habilidades geopolíticas tengo que sobrevivir al país que se estima mata más gente en manos del Estado que todos los otros países con pena capital juntos. Y digo “se estima” porque no hay números oficiales sobre las víctimas de pena de muerte en China. Otro miedo más: ¿Escribir mails hablando mal de China desde China estará penado con la muerte?

Tengo frio, hambre y miedo en China.

Si este es el futuro, el futuro es una mierda.

 

 

Leticia Cappellotto